Adhesión del Excmo Ayuntamiento de Córdoba a la:

19 de noviembre de 2009

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Auspician:
   

[Discurso Luis Pineda]

CÓRDOBA, 19 de noviembre de 2009

 

Queridos amigos:

Una vez más me complace dirigirme a vosotros reunidos en torno a la Declaración Universal de Derechos de los Usuarios de Servicios Bancarios y Financieros, también conocida como “la española” o la de Salamanca.

Desde esos últimos días de septiembre en que este documento en torno al cual hoy nos congregamos vio la luz en la espléndida, académica y universal ciudad de Salamanca, en el incomparable marco de su Ayuntamiento y el impresionante aula magna de su Universidad, han transcurrido ya cuatro años. Cuatro años pueden ser mucho o poco tiempo, según como se mire, pero lo cierto es que en este período han sido muchas las cosas que han cambiado, las iniciativas que se han tomado y las puertas que se han abierto como consecuencia de la existencia y divulgación de este preciado y precioso documento.

Desde la citada presentación hasta nuestros días, la Declaración Universal ha recorrido un largo camino dentro del país que la vio nacer y de aquellos países hermanos que comparten nuestra lengua y nuestra cultura, y que a pesar de la inmensidad del Atlántico están tan cercanos a nosotros y como tal los sentimos.

Permitidme una breve pero necesaria cita a los actos más significativos en los que la Declaración ha sido la estrella en torno a la cual se han congregado personas e instituciones para conocerla y deleitarse con su contenido.

  • La Declaración ha sido entregada y depositada en la Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid.
  • Ha sido depositada y entregada en la Asamblea Nacional de Venezuela a la vez que recibía el apoyo de importantes organismos e instituciones venezolanos tales como el Instituto de Defensa del Consumido INDECU, la Superintendencia para la Promoción y Protección de la Libre Competencia PROCOMPETENCIA y el Parlamento Andino.
  • Presentada en la Universidad del Magdalena, Colombia, de la mano de la Confederación Colombiana de Consumidores.
  • Entregada en la Biblioteca del Senado Federal de Brasil.
  • Presentada en la conferencia para el Foro de Estudios de Castilla y León Tercer Milenio, en Valladolid.
  • Entregada al Consejo General de la Abogacía Española en manos de su presidente D. Carlos Carnicer.
  • Presentada y aclamada en el Centro Cultural Comfandi, de Cali, Colombia, de la mano de la Gobernación del Valle del Cauca y la Universidad del Valle.
  • Presentada en Club de Ejecutivos de Bogotá con presencia de instituciones como la ASOBANCARIA –patronal de la banca colombiana- y la Superintendencia Financiera de Colombia.
  • Presentada y leída solemnemente en el Castillo de Chapultepec  (México D. F.) de la mano del organismo oficial de defensa del consumidor financiero la CONDUSEF.
  • Presentada en acto público en la ciudad de Sevilla y entregada y depositada en el Archivo General de Indias de la capital andaluza en donde reposa junto a once cartas del Gran Almirante.
  • Presentada en el International Consumers’ Forum en Miami (Florida – Estados Unidos).
  • Entregada al entonces director gerente del Fondo Monetario Internacional, D. Rodrigo Rato, en la sede central del organismo en Washington (Estados Unidos).
  • Objeto de estudio y análisis en el I Seminario Internacional de  Protección de los Derechos del Consumidor Financiero, organizado y convocado por la Superintendencia de Bancos y Entidades Financieras y el Ministerio de Hacienda de Bolivia.
  • Entregada en mano al Alcalde de Miami, Manny Díaz.
  • Presentada en Costa Rica ante el Colegio de Abogados de Costa Rica, la Universidad de Costa Rica, el Banco de Costa Rica, la Cámara de Bancos y la Asociación Bancaria Costarricense, entre otras entidades financieras e instituciones relevantes del país, siendo suscrita por todas ellas y un gran número de abogados a título personal.

Pues bien, estamos ahora en el siguiente paso del periplo de este documento con vocación ecuménica y universal. Nos encontramos en esta magnífica ciudad de Córdoba, cuyo solo nombre evoca grandeza e impregna de un pasado glorioso y un presente que nos regala al mundo sabiduría, inteligencia y belleza, desde donde se mire.

 “Córdoba, la capital del Califato, del más culto y universal califato que el mundo árabe ha dado a la historia. La capital de los Omeyas, insigne dinastía que lejos de las guerras y de las  contiendas territoriales y religiosas, nos regaló al mundo todo un acerbo cultural en materia de filosofía, medicina, astronomía….en definitiva cultura y belleza, en la mayor y mejor  de  sus expresiones, y que permitió que, al igual que su hermana Toledo, convivieran en paz  y armonía, y por lo tanto en prosperidad, árabes, cristianos y judíos, las tres culturas básicas que conforman nuestra vieja, muy noble y querida España.

Córdoba, capital y cuna de la universalidad y del espíritu humanista, reconoce también el carácter universal de la Declaración. Porque esta Declaración es de todos y para todos. Porque está forjada en la fragua del conocimiento y la bondad de todos aquellos expertos de muy diversos países que han contribuido a conformar un documento universal –porque esta universalidad es su base y su objetivo- que sea de aplicación inexcusable en todos los países del mundo en los que existe un sistema financiero, cuyo principal objetivo y de la mano de sus clientes y usuarios, tiene que ser y es, conseguir una sociedad mejor, más rica, más justa , más sabia y en la que el dinero sea el impulso que mueva la actividad social, cultural, política y económica que constituya las bases de una sociedad sana, abierta, democrática e inteligente, que utilice los recursos económicos como lo que son: impulsores de prosperidad y no un objetivo por sí mismos.

Córdoba, en su silencio, en el que se oyen el ruido de las fuentes de sus patios y de sus esquinas, en el que casi se oye fluir al Guadalquivir, quiere oír también el clamor de los derechos y legítimos intereses de los usuarios de servicios financieros y bancarios -los que enuncia, anuncia y pregona la Declaración Universal - quiere decir al mundo que la libertad y la inteligencia reinan en el proceloso mundo de las relaciones entre los que recogen el dinero de aquellos a los que les sobra y lo redistribuyen a aquellos que lo necesitan en un momento determinado y tienen capacidad para devolverlo en  ciertas condiciones de tiempo y costes.”

Llegado este momento, no nos debemos olvidar de la primera parte de la Declaración Universal: sus considerandos. En ellos se describe una situación de hecho que define taxativamente una por una las circunstancias de un marco financiero global ideal, y que son precisamente las que se han quebrantado frontal y descaradamente, con un coste muy alto económico y social, por parte de algunas entidades financieras que ahora mismo están en la mente de todos. En otras palabras, la Declaración Universal se anticipó en tres años a los hechos de todos conocidos que tienen su origen precisamente en la ruptura de los principios básicos de este esquema. No se puede vender lo que no se tiene, no se puede comerciar con lo que no existe y no se puede engañar la buena fe y el buen hacer del común de los mortales con falsas y engañosas informaciones, cuando menos confusas, sobre lo que se está poniendo encima de la mesa e intentarlo vender al usuario bancario. La información ha de ser clara y veraz.

No voy a seguir con este asunto que ya ha merecido ríos de tinta, horas y horas de estudio y consideración, y reacciones correctoras y de emergencia por parte de los gobiernos de algunos de los países más importantes, ricos y poderosos del mundo. La Declaración Universal, desde el momento de su presentación, por su mera existencia, ya constituye un punto de referencia por sí misma que, o se respeta o se ignora.

Este insigne documento ha sido suscrito y por lo tanto hecho suyo por un  buen número de entidades financieras españolas, algunas de ellas aquí presentes, entre las primeras y más eficaces del mundo. También ha sido bienvenida y adoptada por otras entidades que he citado antes tales como universidades y organismos oficiales de defensa del consumidor de diversos países.

Sería demasiado osado por mi parte pretender que la Declaración se convierta en Derecho positivo en todos aquellos países y entidades en las que se presenta. Nada más lejos de mi intención. Pero a lo que sí aspiro y pretendo es a que su filosofía y sus contenidos impregnen el quehacer diario y señalen el camino cuando sea necesario, en todos aquellos asuntos en los que tengan algo que ver los derechos y legítimos intereses de los usuarios de servicios financieros y bancarios del mundo, y en este caso de Córdoba. Muchos de los responsables de los organismos y entidades de los que depende la armonía y el buen hacer del sistema financiero de este país y de esta ciudad estáis aquí. Os animo a que leáis la Declaración, la conozcáis, la améis y la apliquéis.

Convirtamos este Noviembre otoñal en un Mayo cordobés, bajo los ecos de la Declaración Universal.  

 

Gracias por su atención y muy buenas noches.